¿Te gusta bailar?
Las piernas de esas mujeres moviéndose en su propio eje, pegándose a un hombre con sombrero y traje gris, las piernas tatuadas, las espaldas desnudas, los labios quietos, formando sonrisas breves, los labios rojos, la piel hidratada de sudores cálidos.
Las luces y los platos dispuestos, los cuchillos penetrando carnes sólidas, los dientes triturando vorazmente, las lenguas sintiendo un éxtasis brutal, las bocas sorbiendo acidez, amargura, un repiqueteo en los estómagos de los comensales.
Los espejos, tus manos que gritan, shhh. ¿No conoces el silencio?
-Borges- me dices…
Te interrumpo: Deberíamos bailar.
Una bailarina revolotea entre los brazos de un hombre y el espacio.
Ya es de madrugada, caminamos, a esta hora el reggaetón se extiende en el andador central.
Ya es de madrugada, caminamos, a esta hora el reggaetón se extiende en el andador central.
¿Quién diablos es Borges?
Seguro soñaré con mino tauros, espejos y túneles. Antes cepillaré mis dientes, hasta despegar de mi boca el sabor de la carne y el vino, abriré un libro de plegarias y tú no dirás nada...
Del exterior llega el ruido: Y volver, volver, volver...
Los mariachis también te irritan.
Deberías ver la televisión, quedarte dormido mientras una actriz lloriquea frente a un mausoleo elegante...
Borges lloró con una canción de los Beatles, te digo.
...
Recuerdo esas palabras,
de alguna parte llegan los recuerdos.
No me dices nada. Pronto va cantar un gallo. No, en la ciudad no se escuchan los gallos.
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