viernes, 26 de febrero de 2010

Dos




I

Empezaba a llover. El sonido acuático salpicaba las avenidas. La ventana entre abierta dejaba pasar una brisa sucia.
-¿Y sueñas?-
Vio sus ojos iluminados por el reflejo azul de una ambulancia trasnochada. Dio unos pasos que sonaron para extender el aleteo de un enjambre hambriento de leche.
Las paredes deberían gritar, soltar los ecos aguardados tras la cal y la pintura perpetua.
El silencio los transportó al recuerdo. Seguía lloviendo, aumentaba el ruido, el veneno lento de un piquete ácido, salpicando la ventana.
El frágil sonido del agua.


II

Un rayo violentamente agrio le alumbró la cara.
Él atestiguaba el cambio de su piel, la mutación de su mirada.
Dejaron de hablar, y observaron el cielo que pasaba de un azul amoratado al naranja tosco mezclado con el humus gris. Quedaban expuestos al frío. La calle humedecida, repleta de moscas y bolsas negras de basura abarcaban espacios marchitos.
El tercer recuerdo se le pegó a la memoria, un grito brusco de reclamo.

Postal Uno

En un café a esta hora nada se dice, sólo la insoportable música instrumental. Un helado de mango, una platica de ancianos, un periódico, sólo letras muertas.
El humo muerto de los cigarros prohibidos, el baño a oscuras en una tiniebla indecente. Cucharas talladas quinientas mil veces con jabón verdoso.



Las puestas de sol son más odiosas en días como estos...



Empiezo a caminar con ella.
Todavía me parece una mujer triste. Sus ropas y zapatos andan entre el aire, salpicandose con una brisa que no se atreve a más.




Marylin Monroe y sus faldas en el aire deberían andar en estas calles. Y ella camina.





Ahora tendría que hundirme sin que lo supieras. La ciudad es un vertedero de tierra muerta, piedras descompuestas, cantos religiosos y olor a sarro pegado a las paredes del aire.
Mi no-existencia me obliga a volver al caos : una teibolera vestida de luto, ha muerto dios, dijo un hombre triste, no habrá un velorio decente, la ciudad está en reparación, el pobre Dios irá al cielo con el ruido de las retroescavadoras y los paletazos furiosos de obreros sudorosos.
Hoy la belleza se reduce al gel en los cabellos, al polvo de los make-up, al color del labial, a los vestidos chic, a las plataformas o el tacón de zapatillas.





Quiero decirle que sus pies dezcalsos y desnudos son un minuto de quietud.
Carteles de protesta mal escritos, música mutando en cada aparador, cada aparador en cada esquina, maniquies de ojos tristes, maniquies desnudos y rotos, de senos pequeños, abarcables en cada mano.

Tendría que undirme para no verte fumando entre vendedores de niños dioses y globos de helio. Es odioso que todos los ciegos y amorfos de éste país sean cantores, o adivinos o profetas...
Entre la miseria y el dolor, los estúpidos se atreven a jugar con la muerte, soldados de carne india, vestidos de verde mierda, disparan al vacío.
Hombres de vientres hinchados juegan a la justicia.




Debería gloriosamente llevarte conmigo al carajo.
Satanás es indiscreto, puede que la lumbre te queme el alma, ni después de muerta encontraras el paraíso, nadie te condena y todos te han olvidado...


Deberías bailar conmigo una cumbia morena, dar vueltas, sin pistas ni luces, embriagarnos. Deberías olvidarte del vestido escotado, de la sensación del terciopelo picando tu desnudez, ahora deberías quitarte los tacones, impulsarte hacía las calles sin alfombra, correr sobre las banquetas manchadas de orines, escupitajos, grasa.




Deberías cerrar los ojos y sentir los talones pisando, cada tramo de cemento rociado con fabuloso o cloralex, seguramente algún viejo morboso te perseguiría, tropezando con su alzheimer, te ofrecería cualquier cosa, sacaría de sus bolsos remendados una cartera, podría ser un viejo tacaño, soltar unos billetes arrugados, invitarte a tomarle la mano, podrías aceptar por ser clemente y luego darle un puñetazo, matarlo de un empujón, o besarlo dulcemente y esperar en una casa antigua a que tu vida acabara junto a él.






Un taxista cansado abre y cierra los ojos, da un volantazo inquieto, saca la lengua respondiendo a su instinto primitivo de gesticulación y nerviosismo. Quisiera verte desnuda morena, vestida con las luces azules de cualquier patrulla, y decirte algunas cosas, ahora por ejemplo, ahora mismo me quedo en silencio






Fotografía: Maya Goded.

jueves, 25 de febrero de 2010

Treinta


¿Te gusta bailar?



Las piernas de esas mujeres moviéndose en su propio eje, pegándose a un hombre con sombrero y traje gris, las piernas tatuadas, las espaldas desnudas, los labios quietos, formando sonrisas breves, los labios rojos, la piel hidratada de sudores cálidos.
Las luces y los platos dispuestos, los cuchillos penetrando carnes sólidas, los dientes triturando vorazmente, las lenguas sintiendo un éxtasis brutal, las bocas sorbiendo acidez, amargura, un repiqueteo en los estómagos de los comensales.
Los espejos, tus manos que gritan, shhh. ¿No conoces el silencio?


-Borges- me dices…


Te interrumpo: Deberíamos bailar.


Una bailarina revolotea entre los brazos de un hombre y el espacio.
Ya es de madrugada, caminamos, a esta hora el reggaetón se extiende en el andador central.



¿Quién diablos es Borges?


Seguro soñaré con mino tauros, espejos y túneles. Antes cepillaré mis dientes, hasta despegar de mi boca el sabor de la carne y el vino, abriré un libro de plegarias y tú no dirás nada...

Del exterior llega el ruido: Y volver, volver, volver...


Los mariachis también te irritan.


Deberías ver la televisión, quedarte dormido mientras una actriz lloriquea frente a un mausoleo elegante...


Borges lloró con una canción de los Beatles, te digo.


...


Recuerdo esas palabras,

de alguna parte llegan los recuerdos.


No me dices nada. Pronto va cantar un gallo. No, en la ciudad no se escuchan los gallos.

miércoles, 24 de febrero de 2010


Se hace tarde y los papalotes urbanos flotan encimados, uno tras otro, sobre cuerdas flexibles, cuerdas azules, verdes, cuerdas rojas, lazos delgados, sostenidos de varillas oxidadas, sujetados por raquíticas y podridas tablas humedecidas con el tiempo, infladas por el agua penetrando su estructura descompuesta.

El viento se llena de olores engañosos: bosque floral, durazno avellanado, ternura otoñal… Jabón flotando hasta llegar a cualquier nariz aturdida por respirar humus toxico-mortal.

…Podría olvidarme de tu olor…


Una gata avanza, sus patas se arrastran, el piso helado, empolvado, con rastros de hormigas que disfrutan restos podridos, trozos de pan duro, terrones de azúcar, algunas hojuelas resquebrajadas y rancias del cereal que ya no desayunas. Debería comprar una alfombra de color marrón. Instalar un ventilador. Sustituir el cuadro de Van Gogh por una pintura moderna, un cuadro complicado lleno de colores ocres.

No cenaré ésta noche. El ritual de los panes y los peces ha quedado lejos en años luz. Quiero sentir hambre, dar vueltas y vueltas con la sensación de sed en mi entraña. Quiero secarme cuarenta días, quinientas mil noches. Alcanzar un éxtasis musical sin el vulgar deseo de pan y vino.

Llegar a la iluminación, inventar una filosofía que me permita salvarme de este apocalipsis-tele-depresivo. Ya no me asustan las luces neón que parpadean en cada esquina de la ciudad.
Mis vecinos gimen a las doce de la noche. Cogen sin disimular sus ruidos de placer. Imagino las fricciones de sus cuerpos, imagino los ojos de ella, su cuerpo menudo, sus piernas morenas, su sudor. Respiro, me dan tristeza, sé que son ellos quienes provocan el aumento en la población mundial. Pululan en hospitales los llantos de humanos recién paridos. Las moscas se multiplican a la velocidad de la luz y los infantes se hacen cada noche en los multifamiliares, en las vecindades de paredes color caqui, en las casas con piscina, en los hogares ardientes por la lamina de asbesto y el piso encementado, siempre hay un rincón para jugar a enamorarse de modo breve, como una rutina irrompible…


Odio mi intolerancia al cigarro, si supiera fumar me haría la interesante, observaría la ciudad desde mi azotea, fumando.


Colecciono notas, tickets, envolturas. Realizo cálculos primitivos, siempre me equivoco, dos y dos ¿cuatro?...

El polvo proviene de mí. Ayunaré durante unas semanas, seguro alguien tocará mi puerta. Sería bueno que él viniera. Podría inventarle una historia.


La luz de ciento veinte watts me aturde por las noches…


Él dice que deberíamos apagar la luz. Le confieso que en ésta colonia padecemos apagones, la ciudad es una lámpara intermitente, cansada… Cada semana un gato muere atrapado en el transformador.


Deseo morir de cualquier modo, menos electrocutado entre cables de luz. Dicen que en mi otra vida fui un gato.
Creo que es mejor que me aleje de ti, de tu colonia, de los recuerdos de una posible muerte trágica. Lo siento nena, me voy.


Debería cambiarme de colonia. Los apagones están a la orden del día. Carajo, debería conseguir un chico, al menos en mi imaginación, debería conseguir una relación estable, unos vecinos silenciosos, una vida, digamos más decente.

viernes, 19 de febrero de 2010


Podemos bailar. Es de noche...

Estas botas están hechas para caminar...



Bailar y olvidar el quejido de cualquier indigente que AGONIZA en nuestra esquina.



Repetir un coro pop... Y beber, vodka por ejemplo...
La noche invita a olvidarnos de la miseria,
Mi madre me cuenta las tragedias familiares,
En la televisión las imagenes agrietadas de los gobernantes.

La calle hierve de miedo...

- Yo no tengo la culpa de tus problemas...-

Una mujer iracunda despierta por nuestras voces alegres, nuestros zapatos picoteando el piso, saltando, nuestra breve felicidad...

Edith Piaff repite : NE ME QUITE PAS


Saltamos de un ritmo a otro

No te miento, esta noche sólo quiero bailar...

jueves, 18 de febrero de 2010

*

Hoy dicen que llueve...

He recibido veinte mensajes : Llueve, me dicen.

Hoy una canción me persigue. En el radio, en los canales de música, en los rumores de la gente que camina, en los muros frágiles de las casas vecinas...

Hoy podría abrazarte.

Caminar contigo en cualquier calle... Abrazarte.

Hoy seguro amaneciste sonriente .

Hoy podrías contarme una historia.

Hoy tomaríamos café con ella...
Y veríamos sus piernas largas, y admirarías sus ojos y yo no diría nada.

Hoy podríamos comer carne...
Ayer hubo ceniza en una iglesia, gente marcada con cruces
¿es real o lo soñé?

Hoy podría inventar un lenguaje primitivo...
Por ejemplo mover las manos a la izquierda significa tengo hambre,
o dar un salto rápido podría ser: Muerde mis manos.

Hoy llueve. Se escurre el agua, moja la ropa que ayer algunas manos maltratadas enjuagaron una y otra vez...
¿Hoy escuchas ruido?

Hoy alguien pasea en bicicleta y muere atropellado en la avenida...

Hoy podría decirte : Ven.

Decirlo con todas sus letras, V E N ...
Hoy llueve...

Caminar entre la lluvia es peligroso, ya vez que existe una enfermedad que llega con el frío...

Podría recorrer la ciudad entera y buscarte...

Podría;

Hoy llueve.

Si.

Hoy llueve.

Nos veremos luego...

¿O nunca escampara?

miércoles, 17 de febrero de 2010

...




Escondimos los zapatos en el ropero... Habíamos cenado media hora antes, en un lugar discreto, escondido de todos esos edificios modernos, repletos de luces, cargados de risas, invadidos de humo...

Un niño te ofreció flores rojas. Aún pienso que un día compraras media docena de libros antes que una flor para mi...


Deberíamos salir de la habitación, dar un paseo largo...

La ciudad seguirá ahí, con sus piedras redondas, con sus luces amargas, con sus iglesias cerradas a media noche.


Dentro todo era utileria, la cama, la ropa, el tic tac del reloj, los ruidos escondidos tras la ventana, las cortinas verdes de algodón, la lampara y su mustia luz de bostezo, la televisión sin canales pornográficos...

Estábamos ahí en el acto intimo de guardar silencio.


Deberíamos salir te dije.

La regadera, la placa de normas y derechos del huésped, la jarra de vidrio, los frágiles vasos transparentes, el papel de baño, unas hojas sobre un escritorio extraño, un rectángulo de jabón rosa Venus, mi cuerpo y el tuyo exigían quietud.


... Un día en mi casa construiré un columpio, encimado en el tronco de un árbol, jamás tendremos hijos, podrás abandonarme cuando quieras... ¿Por qué no desapareces con todo y tus palabras? Deberías irte hoy mismo....


Tendrás una casa...


Ahora disimulo. Cierro los ojos. Debería hacer más frío...


Eres feliz?


Sólo nos queda el frío....




lunes, 15 de febrero de 2010

Un personaje...

La angustia de Agosto...




Primero:

Muchos años después supe que quería estar sola. Descubrir algo en un laberinto inexistente.



II

Ha viajado a todos los países, una errabunda encantadora. Nos conocimos en Agosto. Ella peleaba con un mapa. Son demasiadas calles enredadas en un papel, muchos símbolos, señas, letras. No tenia acento extranjero y me dijo con humildad que estaba perdida. Tuve la sensación de que estaba realmente triste. Para contrariarme sonrió. Preguntó por un lugar para descansar. Le di algunas instrucciones sencillas, dije : Dos calles a la izquierda, luego encontrará una tienda pequeña, ahí pueden hospedarla. Dos calles a la izquierda repetí.

No dijo nada, borró el gesto de cortesía inicial. Caminó hacia la derecha y se perdió apresurada. Yo le gritaba: A la izquierda, vuelva a la izquierda.

Sus manos estaban tatuadas, eso pensé mientras ella decía adiós con su brazo en movimiento.



Alguien me dijo : Los tatuajes en las manos de una mujer son signos de mala sangre.



Intento recordar esas figuras en sus manos esa primera vez. Manchas delgadas de tinta extendida, deforme...



III

La encontré después, sin mapa, sin mochila. Segura de si. Parada en una calle de la ciudad Norte.



Estaba recargada en una pared pintarrajeada, con la pierna cruzada, esperando.



Diciembre era caluroso, pude ver sus brazos desnudos, libres, su pecho cubierto con una camiseta morada, las piernas cubiertas por sus pantalones negros, los pies escondidos bajo las botas aterciopeladas, con tacones



Debí saludarla.



Un camión eructó frente a nosotros su humo anciano.



Busqué los tatuajes en sus brazos desnudos, encontré una cicatriz en la mano izquierda y una costra débil en la mano izquierda.