En un café a esta hora nada se dice, sólo la insoportable música instrumental. Un helado de mango, una platica de ancianos, un periódico, sólo letras muertas.
El humo muerto de los cigarros prohibidos, el baño a oscuras en una tiniebla indecente. Cucharas talladas quinientas mil veces con jabón verdoso.
El humo muerto de los cigarros prohibidos, el baño a oscuras en una tiniebla indecente. Cucharas talladas quinientas mil veces con jabón verdoso.
Las puestas de sol son más odiosas en días como estos...
Empiezo a caminar con ella.
Todavía me parece una mujer triste. Sus ropas y zapatos andan entre el aire, salpicandose con una brisa que no se atreve a más.
Marylin Monroe y sus faldas en el aire deberían andar en estas calles. Y ella camina.
Ahora tendría que hundirme sin que lo supieras. La ciudad es un vertedero de tierra muerta, piedras descompuestas, cantos religiosos y olor a sarro pegado a las paredes del aire.
Mi no-existencia me obliga a volver al caos : una teibolera vestida de luto, ha muerto dios, dijo un hombre triste, no habrá un velorio decente, la ciudad está en reparación, el pobre Dios irá al cielo con el ruido de las retroescavadoras y los paletazos furiosos de obreros sudorosos.
Hoy la belleza se reduce al gel en los cabellos, al polvo de los make-up, al color del labial, a los vestidos chic, a las plataformas o el tacón de zapatillas.
Quiero decirle que sus pies dezcalsos y desnudos son un minuto de quietud.
Carteles de protesta mal escritos, música mutando en cada aparador, cada aparador en cada esquina, maniquies de ojos tristes, maniquies desnudos y rotos, de senos pequeños, abarcables en cada mano.
Tendría que undirme para no verte fumando entre vendedores de niños dioses y globos de helio. Es odioso que todos los ciegos y amorfos de éste país sean cantores, o adivinos o profetas...
Entre la miseria y el dolor, los estúpidos se atreven a jugar con la muerte, soldados de carne india, vestidos de verde mierda, disparan al vacío.
Hombres de vientres hinchados juegan a la justicia.
Debería gloriosamente llevarte conmigo al carajo.
Satanás es indiscreto, puede que la lumbre te queme el alma, ni después de muerta encontraras el paraíso, nadie te condena y todos te han olvidado...
Deberías bailar conmigo una cumbia morena, dar vueltas, sin pistas ni luces, embriagarnos. Deberías olvidarte del vestido escotado, de la sensación del terciopelo picando tu desnudez, ahora deberías quitarte los tacones, impulsarte hacía las calles sin alfombra, correr sobre las banquetas manchadas de orines, escupitajos, grasa.
Deberías cerrar los ojos y sentir los talones pisando, cada tramo de cemento rociado con fabuloso o cloralex, seguramente algún viejo morboso te perseguiría, tropezando con su alzheimer, te ofrecería cualquier cosa, sacaría de sus bolsos remendados una cartera, podría ser un viejo tacaño, soltar unos billetes arrugados, invitarte a tomarle la mano, podrías aceptar por ser clemente y luego darle un puñetazo, matarlo de un empujón, o besarlo dulcemente y esperar en una casa antigua a que tu vida acabara junto a él.
Un taxista cansado abre y cierra los ojos, da un volantazo inquieto, saca la lengua respondiendo a su instinto primitivo de gesticulación y nerviosismo. Quisiera verte desnuda morena, vestida con las luces azules de cualquier patrulla, y decirte algunas cosas, ahora por ejemplo, ahora mismo me quedo en silencio
Fotografía: Maya Goded.

No hay comentarios:
Publicar un comentario