Mi memoria revisa :
El blanco.
Mamá reposaba con los párpado pintados de un verde bandera impresionante, aún brilloso. Recuerdo por ejemplo, su vestido de satín negro, sus zapatillas brillantes que colgaban de la cama, esperando la mañana para provocar ruidos únicos, música furiosa.
La pimienta de su piel, sin desnudar, se va pegando a mis narices. En su vientre el olor era salado, granos de sal disueltos alimentaban mi hambre de plaga acuática.

Mi boca se llena de cristales que se van doblando bajo mi lengua.
La tierra es oscura, y las hojas crujen.
Los mortales se refugian de la lluvia,
cincuenta sesenta taconeos en la misma apretada calle,
un edificio tiembla con el aire...
En un panteón los perros recorren restos de flores,
cadaveres largiruchos, podridos, verduzcos.
La tumba de mamá no tiene epitafio,
sólo una cruz que va pudriendose.
Y un número con cal tiesa, eterna: 2225.





