jueves, 8 de abril de 2010

Acuérdate de Acapulco...



-Dios nos ha olvidado-

Todavía su voz retumba.

Mamá mentirá por los siglos de los siglos...


Nada dice la casa...
Prefiere un mutismo ridículo.

En el tocadiscos municipal suena la voz rota de Agustín Lara.

...No hay sol, ni malecón, ni hombres enamorados de una Pantera que hiere en el corazón...


Se han equivocado quienes glorifican a los enamorados:




Las cicatrices saben que hemos de morir envenenados, en cualquier esquina, apuñalados asfixiados con el vapor de un puerto imborrable, hemos de morir en los brazos de nadie, lanzados a la banqueta, la misma banqueta dónde los pasos, los tacones, las piernas, los pasos, seguirán...


Hasta extinguirse el mundo.








A media tarde tecleo y una Olivetti me devuelve signos negros, signos estáticos. En un patio que ha dejado de pertenecerme,


sólo árboles huecos... perros que persiguen el viento,




ya fumo,




Mamá vuelve a mentir :


-Morirás de cáncer-






Moriré antes que tú, mujer perpetua,


hecha de espinas,




vara débil de mi carne...




Moriré cuando mueras.






Y mi abuela se ríe, y sus dientes son precisos, perfectos,




Un gringo con sombrero busca niñitas de pechos montañosos, con chanclas pata de gallo y bicicletas sarrudas, olorosas a ruda y a ceniza, a humo fino, humo...








Pronto la Tierra se remueve, pronto el pueblo desaparece, y no quiero evocar con nostalgia como extranjera vieja...








Apenas he vivido unos años, sólo me pertenece un cuerpo mustio, un alma anciana...








Madre no mientas...




Ya habiamos muerto.


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