lunes, 1 de marzo de 2010

Nueve

III
Era imperfecta en extremo, su cuerpo podía extinguirse con cualquier brusquedad. Con su mirada desencantada, con el aire de enfermedad y muerte pegado a cada paso.

Dejando un polvo invisible de dolor.


Y ahora que empezaba a ser feliz, se encontraba de frente con sus recuerdos.

Sin dudar el tercero, era el peor.



IV
Somos seres sin nombre. Afuera un ruido invade la ciudad, afuera un acuario con tortugas tristes.


¿A dónde irá a parar todo el polvo?


La ciudad levanta una capa de tierra suave, el desierto está tan lejos, días y días andando, podríamos tardar una eternidad en llegar al desierto.


Vivimos sumidos en el sueño de llegar.

IX
El ruido y la luz me provocan pesadillas. Hace tiempo soñé con el fuego. Ardíamos.
Tú y yo ardíamos…
Me gusta olerte, hueles a ti…



Gracias a Ariadna, por la foto...

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